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Mostrando entradas de enero, 2010

ESCLAVO DE VERÓNICA.

SEGUNDA PARTE Mi nuevo hogar era un pequeño cuarto que había servido de resguardo a viejos pescadores. Las viejas maderas del techo, desgastadas por la sal, y las paredes descoloridas por la erosión del tiempo, resguardaban en su interior el recuerdo de hombres cabizbajos, apesumbrados; olvidados por el mundo. En un rincón del suelo aún sobrevivían los resquicios de esos hombres sin hogar; sin destino: cenizas añejas y en la pared, un calendario al mejor estilo presidiario que mostraba la vida dura que llevaron aquellos extraños. Como siempre, mis días comenzaban muy temprano. Pintaba en horas en que las aves marinas se paseaban por la orilla picoteando a almejas curiosas que se asomaban para admirar el mar. El sonido del océano replegándose al llegar a la orilla era mi única compañía, reforzado por un solitario pescador escondido detrás de su raleada barba que cada mañana miraba el horizonte y parecía divisar, siempre, alguna remota señal que lo volvía a la realidad. Después de t